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martes, 4 de enero de 2011


Y la vio ahí, preciosa, con sus grandes ojos de mar y lluvia fijos en ella.

- Sabes que me gusta hacer las cosas bien, que no quisiera actuar como siempre he criticado y que quiero tener respeto por esas personas... Pero hoy, esta noche, daba hasta mi sentido del ritmo por pasar contigo las horas que quedan hasta mañana.




(son sólo historias de campanadas y oro en copas champán. nunca ocurrieron. o tal vez sí)

Ah, y feliz dosmilonce :)

jueves, 15 de abril de 2010

Luz rojo fuego

Tapió su vergüenza y se puso a romper las cuerdas de la guitarra con los dedos. Despacio. Y una media sonrisa en la cara. Preciosa. Estaba realmente preciosa. El escenario era único: ella sentada sobre una cama que no era la suya, el sol de Junio a punto de dar las buenas noches y su cuerpo a medio (des)vestir, escondiendo sus curvas tras las curvas de la guitarra. Casi hermanas gemelas. Acordes, clavijas y un orgasmo a punto de ser desatado.

domingo, 14 de febrero de 2010

Y tú, QUÉ

Mar ya estaba más que acostumbrada a sus descarados diecinueve años a que la inmensa mayoría de los bípedos con mayor o menor grado de civilización la escrutaran con los ojos al cruzarse con ella y no tuvieran más remedio que alejarse, resignados a no volverla a ver más.
Esa mañana era más fría de lo que parecía cuando sacó la mano por la ventana de su cuarto para comprobar la temperatura y decidir qué ponerse. Estrenaría su abrigo rojo nuevo, justo por encima de las caderas. Era su manera de hacer un guiño a ese consumista y empalagoso día, a su manera, porque ella no necesitaba a alguien siempre a su lado, sólo a algún chico a quien pedirle fuego y a quien luego invitar a calentarle la cama esa noche.

Después de no poder evitar sonreír al ver los ojos ensimismados de un hombre con un ceñido traje gris clavados en su ombligo pasó por un antiguo edificio en obras.
Pasó por delante, digna, segura, inefable... Y nada. Aquellos operarios ni siquiera la prestaron atención. Turbada y sorprendida comenzó a caminar más despacio, marcando bien sus pasos, con el mismo nulo resultado. ("¿Pero qué les pasa a estos? Se supone que a los de éste gremio no se les escapa ni una...") Sin poder resistirse, se giró crispada hacia el primer albañil que vio.

- Oye, ¿y tú qué? ¿no piensas decirme nada?

A lo mejor es que ese pobre obrero... estaba enamorado.

domingo, 24 de enero de 2010

Agua de verano

Mar tiene los ojos azules. Ni azul cielo, ni azul cobalto, ni azul océano. Son azul Mar (valga la redundancia), únicos, de ella. Y con ellos consigue atraer la atención del más despistado, cosa que detesta. Ella es más partidaria de callar y observar, y en algún que otro caso, simplemente sonríe y asiente.
Le gusta el arroz muy tostado (que no quemado) del que se queda pegado a la cazuela y la lluvia durante el día más soleado de todo Agosto.
Y él... se limita a observarla mientras ella continúa absorta entre acordes.