miércoles, 28 de septiembre de 2016

lunes.

lunes, 13 de enero. hace dos años.

No me sirven los versos que no riman,
no echo en falta metáforas ni tampoco diccionarios
porque ninguno estaría a la altura de tus ojos.

No necesito a grandes autores ni a los poetas de ahora
para que te digan que arrastro el corazón por tus huellas cuando te marchas.


Porque hasta las aceras me quedan grandes
y mis manos lloran las tuyas
sin ti.

sábado, 20 de agosto de 2016

antes.

Regresar sobre charcos de hielo. Que no haya mirada al darte la vuelta.
Quererme consciente, sentirme ella.
Revolver los rotos, obviar los dedales.
Dejar impronta, morar constante, que no te olviden, que no te rajen.

Regar unas raíces muertas, cantar al árbol ya vivido,
ser la rama ya sin salvia, que siembren tu cuerpo sin río.

Sonreírte en tu sueño plagada de conchas,
volverte nido, vacío.

Que me recuerdes espuma y plata,
la brea te recorra por dentro y apenas me lamas.

Vuelve a entonces. No cambies nada.

martes, 15 de marzo de 2016

Paseaste la moneda de mi culpa por tus dedos.
Vi como jugabas con ella delante de todas,
como gracias a ella pusiste otras flores en agua.

Rebuscar en nuestro sótano es descarnarme las llagas para ti.
De nuevo.
Que mientras yo guardaba tu nombre, tú vendías el mío a precio de costo.

Nunca jugamos limpio, nunca fue comercio justo.
Tú trataste de esconder mis ojos y acabaste con ellos en el bolsillo,
yo intenté acabar con tu boca y me rompí.

Mi problema fue dejarme teñir de negro hasta los ojos,
llorar la tinta de lo que nunca me escribiste,
dejarme tirada en la cama,
acabar venerando el pozo al que me arrojaste.

Ojalá nunca llores lo que yo todavía supuro,
pero ojalá siempre me busques en todas.

Fuiste el eco de mi sangre ya seca demasiado tiempo
y a veces, aún reverberas.

lunes, 7 de diciembre de 2015

verde oliva.

Mi madre es el sol en la Toscana, el frío de invierno.
La risa que rompe y acaba con las nieblas y las dudas.
Las noches de jazmines con la brasa del cigarro como salvavidas,
su mirada de olivas.

Mi madre tiene en el pecho un campo de lavandas,
alondras en los ojos,
fuego en las pestañas.

Mi madre es también cristales de botellas que ella misma hizo estallar.
El callejón oscuro pero con salida. Mi madre es nuestra salida.
La espera paciente, el amparo calmo. Revolución de volantes, libros esperando.

Mi madre tiene por cada pena ocho amaneceres y a sus dos estrellas.
La voz que espanta a los cuervos e inunda el rocío.
La certeza invisible, el abrazo sin nudos, los besos con marca.

Oír su nombre es oír tus cinco números el día veintidós.




(vuelvo a escribir después de más de un año sin. sólo quiero recordarnos a todos que el amor no es sólo esa mierda pseudoromántica que nos venden, nunca lo es. el amor lo tenemos al lado).

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Me he cansado de pulsar intro.

Soy la que se encierra en dos números con forma de barrotes, la de la cárcel de flores blancas. La que permanece cuando huye. La que se encuentra en otros ojos sólo al cerrar los suyos.
Soy lo que ya no.

La que creyó y maldijo. Y la que de tanto llorar se diluyó y ahora se conforma con ser vertido. Quien todavía se aprende y a veces se deja aprender. Soy la que no sabe hablar sin nombrar a su madre, la de la guitarra sorda, la de la sangre callada.
Soy la que ya no. Y todavía sí.

···


 Si me quedo es porque no me encierra, porque me comprende sin entenderlo nunca del todo. Mi equilibrio. Mi calma. Mi tormenta de sol. El que reza que mi coño es la mejor carne del restaurante del mundo y el que todavía me pide mesa, pero no hora. Quien no se preocupa de curarme las heridas sino de soplarlas para que no escuezan tanto mientras cierran. El que no escribe pero cuando habla de mí callan hasta los ríos.

···

martes, 22 de julio de 2014

De un beso fuimos a un ciento
y de ahí a mil por hora.
Derramamos el líquido de frenos por las sábanas,
enredados en palabras que no ataban.
Porque nunca hubo promesas.
Y tal vez esté ahí el secreto.

Me apiado de los que nunca podrán sentir como yo
la brevedad del instante
la cobardía del tiempo
ni la tormenta de verano de volver a verte.

Las habitaciones a las que ya no volveremos nunca
gritan.
Nos echan de menos. Y ya no volverán a ser las mismas.

Pero en realidad, lo único triste de todo esto
sería que siempre nos comprendiésemos tanto como ahora.
Porque me parece poco.

sábado, 1 de febrero de 2014

Un día de estos dejará de ser algún día

Un día de estos no tendré miedo ningún Febrero,
no se me torcerá el gesto ni los cables
y podré pasarlo sin echar a nadie a quien quiera.

Un día de estos dejaré de recordar cada día que no estás.
Dejaré de llorarte por las noches,
de oler a tabaco amargo al pensar en ti.
Dejaré de querer ser tus huesos si es que quedan.

Un día de estos cruzaré la calle sin mirar al suelo
y no me recordaré a mí misma nunca más que suba la barbilla.
Podré dejarme querer más de un año
y tal vez, no eche a correr cuando echen raíces en mi cuerpo.

Un día de estos mi rostro no será sólo carcasa
volverán a ser las que eran mis eternas madrugadas
pero la alegría y la pena permanecerán siempre siendo desmesuradas.
Desearé más Abriles.

Un día de estos te me pasarás del todo,
tu río se secará secando también el mío y dejarás de ser de continuo.
Por fin.