Antes de todo esto yo era lo más parecido a un cristal. Transparente, lleno de aristas y vértices (literalmente), frágil y cortante. Extremadamente afilada. Me destrozaron cuando yo ya estaba en ruinas.
Pensé que nunca podría dejarme ver (de verdad) por nadie, que sería una de esas personas que intoxican a quienes se acercan y acaban sin nadie porque son ellos mismos los que se alejan de todo, y apartan y rechazan a cualquiera que les roce.
Y sin embargo contigo no fue así. A pesar de ser de salitre no me escueces en las heridas. Me borras hasta las cicatrices, y nunca me preguntas. Siempre esperas. Deduces, suspiras y callas. Me acaricias y guardas silencio, y continuas esperando (despacio), y te limitas a darme luz para que despierte del invierno en el que otro me ahogó, trayéndome la primavera manchada de arena y caracolas. Y esperas, incluso cuando me desbordo y salgo de mí misma porque no soporto ni mi cuerpo. Vuelvo a ti. Has conseguido que retroceda y sea yo quien regrese.
No sólo haces que aprenda a volver a amar, consigues que vuelva a soportar un espejo.
"Y ahora llegas tú, con veinticinco mil maneras de acariciar mis dedos, y yo te voy queriendo,aunque luego no es nada tan sencillo".

