lunes 19 de marzo de 2012

Eres todo un espectáculo para los sentidos, y lo cierto es que tan sólo los míos pueden disfrutarte y recrearse en tu imagen y en tu risa. Privilegios que una tiene. No sé si realmente los merezco, pero es una realidad: te veo como nadie jamás lo ha hecho.

Antes de todo esto yo era lo más parecido a un cristal. Transparente, lleno de aristas y vértices (literalmente), frágil y cortante. Extremadamente afilada. Me destrozaron cuando yo ya estaba en ruinas.
Pensé que nunca podría dejarme ver (de verdad) por nadie, que sería una de esas personas que intoxican a quienes se acercan y acaban sin nadie porque son ellos mismos los que se alejan de todo, y apartan y rechazan a cualquiera que les roce.
Y sin embargo contigo no fue así. A pesar de ser de salitre no me escueces en las heridas. Me borras hasta las cicatrices, y nunca me preguntas. Siempre esperas. Deduces, suspiras y callas. Me acaricias y guardas silencio, y continuas esperando (despacio),  y te limitas a darme luz para que despierte del invierno en el que otro me ahogó, trayéndome la primavera manchada de arena y caracolas. Y esperas, incluso cuando me desbordo y salgo de mí misma porque no soporto ni mi cuerpo. Vuelvo a ti. Has conseguido que retroceda y sea yo quien regrese.
No sólo haces que aprenda a volver a amar, consigues que vuelva a soportar un espejo.

"Y ahora llegas tú, con veinticinco mil maneras de acariciar mis dedos, y yo te voy queriendo,
aunque luego no es nada tan sencillo".

lunes 5 de marzo de 2012

cuando suba la marea

A mí me basta y me sobra con poca cosa. Un vaso de palabras y una pizca de ilusión en tus ojos. Pero si me haces sentir en blanco y negro cuando me miras, a mí poco más me queda por hacer.
Y si no me revuelvo ahora, no sé cuándo voy a hacerlo.

A lo mejor pido demasiado. A lo mejor tengo debilidad por lo difícil y las cosas que acaban sin tener comienzo.
Para mí apoyar la barbilla en la muñeca no es el mejor de los pasatiempos, aunque se haya convertido en el más común. Y sin embargo me olvido de mí y mis horas perdidas por un gesto que llega y se pierde al momento.

No necesito caballos blancos, sangre azul, ni un beso que me despierte. Necesito que me des motivos para creer que acabará bien, contra todos los pronósticos. Que yo me bebo las borrascas. Pero entiende de una vez que sin tu luz soy aguaceros.

miércoles 29 de febrero de 2012

closer

Nos veo, ¿sabes? Aunque no te vea, nos veo. Y te juro que es perfecto. La manera en que encajas conmigo es perfecta. Y tu forma de mirarme, volviéndome de arcilla. No han sido pocas las veces que te he advertido que tuvieras cuidado y guardaras la distancia de seguridad. Y desde ahora te pido perdón por los daños que seguramente te cause, pero lo siento, no puede explicarse con palabras lo bonito que pareces entre mis piernas. No me caben más en las manos ni en la boca los besos pendientes de darte. Y voy a quedarme en la bañera hasta que esté abrazando tu espalda y volviéndome del color de tu piel.



Y gracias por ser tú el primero en decirlo.

martes 21 de febrero de 2012

Martes. Caóticos y estúpidos martes.
Hoy me ha costado más de la cuenta despedirme de la cama y ahora lo entiendo. No quería verme como estoy ahora. No quería que volviera a ella para secarme las mejillas y volverme de papel con las rodillas en el corazón.
Una madrugada en la que él no se queda e ignora las piedras de tu voz, una mañana en la que tu futuro se volatiliza y sólo quieres ver cámaras en las farolas, como Truman en Seahaven. El teléfono no logró arreglar todo este desastre. Ni siquiera ella consiguió que sonriera con su "nunca es tiempo perdido".
Y entonces me he dado cuenta: hoy era martes.

Y es que a mí, un martes hace unas 21 semanas se me paró el corazón. Y lo peor (o lo mejor) de todo, es que no hay manera de reanimarlo.

viernes 10 de febrero de 2012

tengo el amor por hacer

Con lo que soy yo para enredar mis piernas en otras sábanas. Y en realidad no es para tanto. Ni valgo la pena. Pero no, no me dejo convencer. Y tú ni siquiera tienes que pedírmelo porque ya tengo toda la ropa a la altura de los tobillos y sólo tengo en mente tu piel. Y que dejes libre el hueco que me guardas cada noche en tu cama, porque quiero estar encima de ti, o como tú prefieras, pero sin que apartes de mí tus dedos de pianista.


Carmen Boza. 


Nunca me habría imaginado en una situación de semejante calibre, y más con esta mala puntería que me caracteriza; apunto, pero jamás acierto en el maldito centro de equilibrio. Ese equilibrio imposible que te permite ser feliz. Ese equilibrio que formará un ideal ángulo de 90º entre mi vientre y el tuyo, ese equilibrio que hace encajar perfectamente mi labio inferior entre tus dientes y, sobre todo, la manera equilibrada de hacer que sobren las palabras cuando se trata de mirarte, y saber que estás deseando sonreírme...

domingo 5 de febrero de 2012

Como un cubo de Rubik. A cada vuelta que doy, te complicas. A cada vuelta que me das, me vuelvo más sencilla.
Tú, que has desbrozado lo que me quedaba de un amor escrito en pasado, y lo has hecho sin siquiera pretenderlo.
Pero ahora el problema lo tengo yo. Debo elegir entre hacer como que no pasa nada, quedarme callada, cruzar las piernas, sonreír y asentir con la cabeza. O puedo servirme en bandeja de plata.

O no. En realidad no. No hay más que verme mirándote para saber en qué punto estoy, si hasta las escrituras de mis clavículas están a tu nombre. Pero falta tu firma.
Que te arriesgues, que cortes las cuerdas y eleves el ancla. Que te tires al vacío y mueras por mí de una vez por todas.
Yo suelo hablar de más. Siempre me ha perdido la boca. Y ahora me pierde la tuya.


Te echo de menos. Y ahora que por fin lo he dicho, por favor, sal corriendo.

 Photo by NowhereGirl

viernes 3 de febrero de 2012

No sé muy bien qué hago escribiendo esto. Sigo dolida. Hay rabia. Y falta de comprensión. ¿Cómo pudiste...? Ya da igual. ¿Recuerdas esto? Alguien lo está haciendo ya, por fin. Y no me siento tan fuera de lugar, ni estoy tan abandonada como tú me dejaste. Los almendros se han secado.

Tal vez fuimos el experimento de algo que fuimos en otra vida. Y nos suspendimos.
A lo mejor sólo fuiste la prueba de lo zorra que puedo llegar a ser a veces.
O quizás nos aprendimos demasiado.


Pero ahora, con tu permiso, me desprendo de ti. Y te soplo, y te dejo volar, diente de león.




Esto no lo digo yo, lo dice Luis Ramiro:
"...quizás, si digo la verdad tendría que aceptar la triste evidencia
y decir que nuestros cuerpos encajaban igual
que dos piezas de tetris lanzadas al azar
entre millones de seres de toda la ciudad".