-Hagámos que piensen mal.
-No seas tonto anda, que eso está muy feo. Además, sería cruel para ellos dos.
-¿Y?
-Que no quiero que piensen nada, y menos eso.
-Bueno, entonces hagamos con que piensan mal.
domingo, 30 de mayo de 2010
miércoles, 26 de mayo de 2010
lunes, 24 de mayo de 2010
U
Lo sabes, siento predilección por los que se encierran entre las paredes de su cuerpo, los que creen que todo lo que tocan lo destruyen, como yo. Quienes afirman que no están hechos para nadie, ni siquiera para sí mismos y sin embargo, las ganas de comerse el mundo les superan.
Él era así, diferente a todo lo conocido e imaginable. Sólo sabía hablar con rimas. Inconformista por naturaleza. Obstinado, irreverente... pero cálido. Estar con él era como el sol en la cara, aunque podía quemarte. Y yo siempre he sido un incendio en potencia.
Ya da igual, ha pasado mucho tiempo. Ambos tiramos la coraza y nos dejamos la piel.
Él era así, diferente a todo lo conocido e imaginable. Sólo sabía hablar con rimas. Inconformista por naturaleza. Obstinado, irreverente... pero cálido. Estar con él era como el sol en la cara, aunque podía quemarte. Y yo siempre he sido un incendio en potencia.
Ya da igual, ha pasado mucho tiempo. Ambos tiramos la coraza y nos dejamos la piel.
viernes, 21 de mayo de 2010
De cafés amargos y medias sonrisas.
A la mañana siguiente todo el negro de sus ojos estaba difuminado, formando un borrón. Se dio la vuelta en la cama y se dio cuenta de que no reconocía la habitación. Miró hacia la mesilla: un envoltorio arrugado y un par de vasos al lado de una botella sin etiqueta.
A pesar del frío de la ciudad y la ventana entreabierta se sentía bien.
Miró al otro lado. Nada, o mejor dicho, nadie.
Se sentó en la cama y comenzó a escuchar un ruido de vasos. Entonces apareció él con una bandeja y el pelo aún más revuelto que la noche anterior, o eso le parecía.
- No sabía si te gustaba el café.
- Sí, me gusta.
- Entonces he acertado, aunque tu cara me dice que eres más de colacao.
- También.
Él sonrió, y cogió la única tostada que había en el plato.
- ¿Tienes hambre?
- No ¿debería?
- Supongo, ¿seguro que no quieres nada?
- No, de verdad.
- Bueno, yo voy a hacerme otro.
Y se marchó cerrando la puerta tras él, de nuevo con una sonrisa en los labios.
El café estaba demasiado amargo para su gusto, le solía poner más azúcar (a todo) y estaba casi tibio, pero se lo bebió igual. Se puso su vestido rosa pálido, tirado cerca de la cama, que se confundía con su piel y encontró la cocina.
Él al verla, se puso frente a ella, y la miró.
- No sé llegar a casa, creo.
Sin inmutarse, la cogió la cara y la besó, lento, despacio, como había hecho unas horas antes mientras se le perdían los dedos en ese vestido.
Se marchó. Y él le abrió la puerta como siempre, sonriendo.
A pesar del frío de la ciudad y la ventana entreabierta se sentía bien.
Miró al otro lado. Nada, o mejor dicho, nadie.
Se sentó en la cama y comenzó a escuchar un ruido de vasos. Entonces apareció él con una bandeja y el pelo aún más revuelto que la noche anterior, o eso le parecía.
- No sabía si te gustaba el café.
- Sí, me gusta.
- Entonces he acertado, aunque tu cara me dice que eres más de colacao.
- También.
Él sonrió, y cogió la única tostada que había en el plato.
- ¿Tienes hambre?
- No ¿debería?
- Supongo, ¿seguro que no quieres nada?
- No, de verdad.
- Bueno, yo voy a hacerme otro.
Y se marchó cerrando la puerta tras él, de nuevo con una sonrisa en los labios.
El café estaba demasiado amargo para su gusto, le solía poner más azúcar (a todo) y estaba casi tibio, pero se lo bebió igual. Se puso su vestido rosa pálido, tirado cerca de la cama, que se confundía con su piel y encontró la cocina.
Él al verla, se puso frente a ella, y la miró.
- No sé llegar a casa, creo.
Sin inmutarse, la cogió la cara y la besó, lento, despacio, como había hecho unas horas antes mientras se le perdían los dedos en ese vestido.
Se marchó. Y él le abrió la puerta como siempre, sonriendo.
lunes, 17 de mayo de 2010
Rojas. Rosas. Blancas.
martes, 11 de mayo de 2010
lunes, 10 de mayo de 2010
Te has vuelto muy poético. Muy... no sé, muy diferente a lo que conocí a los 13 años.
Me he vuelto a cruzar con tus ojos de hielo en un paso de cebra y me he dado cuenta 27 segundos después. Me he detenido, me he dado la vuelta y he sonreído. Me diste mi primer beso, el primero y el último. Y la verdad, me gusta más que sea así.
Me he vuelto a cruzar con tus ojos de hielo en un paso de cebra y me he dado cuenta 27 segundos después. Me he detenido, me he dado la vuelta y he sonreído. Me diste mi primer beso, el primero y el último. Y la verdad, me gusta más que sea así.
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