sábado, 1 de junio de 2013

Por si te preguntan


Somos a capella,
un giro de guión,
la flor que no se agosta,
la carne que te queda por morder.

Somos anilla y granada
-unidas.
La cadencia del sexo,
la ausencia de lo amargo.

Somos la libertad de olvidarnos,
la lanza en el costado.
La primavera rompiendo a brotar cuando apareces.
La certeza de encontrarte.

Somos dos indecentes a fuego vivo.
El inventario de motivos sobre tu cuerpo.
La lengua que busca,
la boca que encuentra.


Pero, sobre todo, no somos polvo(s). Ni siquiera de estrellas.
Somos pólvora. La que hizo que ellas murieran.


lunes, 20 de mayo de 2013

Me he dejado romper las piernas en una cama
y puede que de paso se cargaran los muelles del colchón.
Y yo creí que nunca más jamás.
 
Ahora dudo si intentaron curarme con mares o lágrimas.
De igual manera, fallaron.
Y tú paseas por la herida abierta
y si la tocas no padezco.
Donde otros se quebraron la cabeza
tú sonríes.
Mi distancia de seguridad se torna discontinua
y coincide en dimensión y equilibrio con tus hombros.
Y entonces, de rodillas.

Jamás podrán hacerme daño
de la manera que tú me quieres.

Jamás podrán quererme
como tú me follas.

Que me dejas sitio hasta por dentro.


                                                      Quédate.

sábado, 11 de mayo de 2013

Y ahora ponen precio hasta a tu recuerdo.
Cuando yo lo único que quiero es encerrarte
en mi piel a base de tinta
y (otra) herida,
para que de ahí nunca puedas marcharte.
Encerrarte.
Como si por echar otra lágrima en el candado te fueses a quedar conmigo.
O reaparecieras.
Diecinueve meses. O diecinueve nieblas.
Y no te veo.
Más los abismos que me quedan sin verte.


Beberé cientos de vasos, y ojalá nunca te encuentre en el fondo de ninguno.



vuelve.

martes, 30 de abril de 2013

Sigo ahí. Somos un lugar. Somos ocasión. Y me he quedado en nosotros.

En mí, escribiéndote en la espalda, y sin embargo,
ahora diría que estuve pintando el cielo.

En ti, descuidando mis pupilas para comprobar si sonrío también con la boca.
Y vuelves para mirarme  l  a  r  g  o.
Y me vuelves la piel escarlata.
Y me tornas destello. Y a mis costillas, los valles de tus dedos.

Somos corriente alterna fluyendo en cada polvo.

Y yo ahora vivo en las palabras que te permitías decir
pero donde en realidad existo es en todo lo demás.

martes, 23 de abril de 2013

mi primera flaqueza

Tus ojos se me antojan laberintos en los que,
lejos de buscar la salida, moriría de inanición.
Y no miento si digo que vi el Ártico en otros ojos,
pero tú llevas mi tierra en los tuyos y en las venas.
Borras el pasado siendo de tinta.

Que quiero saciarte la vida en lo que se refiere a sudor y camas.
Que me da igual si está oscuro. No te pido que sonrías,
pero,
por favor,
abre los ojos.
(aunque no sea para mirarme)

No me des la mano
aunque las mías te lloren.
Mastícame y haz ruido.
Restállame las vértebras.
Vuélcame y huye.

Llévate los restos,
que quiero padecerte.


Eres eterno.
Hazme imperecedera.

martes, 2 de abril de 2013

disculpa si te asusto II

Debes tener unos bosques tan bonitos bajo cada pulmón
que dudo en qué claro quedarme.
Pero primero, tienes que descorcharte.
Aunque ya trato yo de abrirme paso
(tranquilo)
con cuidado.

Supongo que debo respetar los espacios entre cada uno de tu lunares
para llenarlos de marcas de besos de tinta de limón
y que sólo se aprecien si ardes.

Imagino que el desgaste de tus rótulas
no tiene nada que ver con la resignación,
al igual que ese orgullo tuyo, que a veces desborda.

Y brillas sin luz directa,
                                              peor para el sol.


Y ya que hablamos de estrellas,
siento decirle que pronto seré yo quien te despierte
y no él.

Pero de lo que sí que estoy completamente segura
es que puedo reinventar
todo lo que antes hayas sido.
Y todo lo que con otras fueras.

lunes, 25 de marzo de 2013

disculpa si te asusto

Apelo al sentido común.
Me he puesto plomo en los pies para mantenerlos en tierra.
Nada. Inútil.
Que si ya de por sí soy noche
ahora miro el reloj cinco minutos antes que a tus ojos.

El nudo de doble lazo en el ombligo si sonríes.

Cualquiera diría que me equivoco.
Firmo la primera esta sentencia, pero también
la hago naipes, y me dejo ganar contigo.

Y sobre tu manera de no hablar de ti
y mi forma de hacer como si no me diera cuenta de tu cajón de doble fondo.

Tal vez lo de tu origen y mis plumas sea casualidad.
Y qué.
Engáñame y dime que es destino.
(aunque yo tampoco me lo crea)