lunes, 9 de julio de 2012

Lo dijiste. Lo pronunciaste en un susurro que sólo pueden oír las mariposas. ("Te necesito") Y en vez de sonreír, me entumecí. En teoría teníamos los días contados y ya me había acostumbrado a eso. Pero me rompes los esquemas de nuevo. Más abismos.
E insistes. Otra grieta.  Persistes. Fisuras.

Mi carcasa resquebrajada. Se me está cayendo la cáscara y no me quedan manos para recogerla y ponerla de nuevo sobre mí. Y es cuando me da por huir. Hoy has llegado a adivinarme. A descifrar y percibir. Como sólo antes había hecho una sola persona, hace mucho tiempo.
Y claro, pánico. Pánico y puro terror.


Soy un animal de costumbres, y tiendo a herir y lacerar. Por favor, antes de que te destroce a ti también, prométeme que te marcharás.


miércoles, 4 de julio de 2012

letra número tú

Atraes a los rayos con las palmas de tus manos. Tus manos. Tus manos y ese juego de nudillos. Ocultas tus pasos, como los pájaros.
Y eso de que tus ojos sean gris piedra es una de las mayores mentiras jamás pronunciadas. No eres tan dura. En el supuesto de ser sombra, son gris acero, de metal. Como tú, maleable ante la cantidad justa de calor. Y a veces, derretirte.

lunes, 25 de junio de 2012

-Tú quieres que se quede, ¿no? Pues díselo.
-Mi problema es que le quiero demasiado como para pedírselo.

sábado, 26 de mayo de 2012

Me recuerdas a las primeras amapolas de la primavera. Te cuesta abrirte y manchar de rojo.
Me fugo por los valles de tu espalda, renazco en la intención de tus dedos, me pierdo en tu nuca todavía sin ser.
Y mi camino a casa es el abismo de tu esternón al terminar y dejarle paso al resto de la piel.


A lo mejor para ti soy sólo un desliz. Pero tú para mí eres el mejor de los aciertos.



Te prometo que el Sol no se cansará de salir cada día.

miércoles, 16 de mayo de 2012

vino mayo y despertó

Eres de latido fuerte y mirada distinta. Tengo bajo el colchón la lista de todas las cosas que me gustan de ti, por orden de preferencia. Y a cada día contigo se llena de tachones y manchas, porque no me decido entre tu pecho y tu labio inferior.
No sé si a veces te arrepientes o ya simplemente te limitas a hacer lo que te apetece a cada momento, y por eso me restrinjo yo. Te juro que me contengo y me guardo algunos ases trucados en la manga, aunque a veces no me aguante y te quiera volar raso.

Me escondería para siempre en tu cuello. No te haces una idea de los suspiros con los ojos cerrados que llevo vendidos con la intención de que esto salga bien. Bien de verdad.

miércoles, 11 de abril de 2012

luces de emergencia

Ciento ochenta y dos días y medio. Es el tiempo exacto que ha transcurrido desde que me nos dejaste. Pero no fuiste el único en irte. Otra persona también lo hizo, también me dejó, pero de otra manera. De la manera en la que a todos, tarde o temprano, alguien nos deja. De esa forma de la que sabes reponerte antes o después. Y eso ya me da igual, lo único que hizo fue hundirme un par de metros más en el barro. Y fue todo seguido, y reconozco que tenía más de vegetal que de persona. Me abandoné. Pero tú... Tú.

¿Y ahora...? Quién coño va a pensar en mí ahora si tú ya no existes. Soy demasiado frágil para esto. No puedo. No me sostengo.

A mí nunca me supiste decir que no. Conmigo eras de otra manera, y fui el otro amor de tu vida. Vuelve de donde quiera que estés y hazme entender esto. Mantenme viva.

martes, 21 de febrero de 2012

Martes. Caóticos y estúpidos martes.
Hoy me ha costado más de la cuenta despedirme de la cama y ahora lo entiendo. No quería verme como estoy ahora. No quería que volviera a ella para secarme las mejillas y volverme de papel con las rodillas en el corazón.
Una madrugada en la que él no se queda e ignora las piedras de tu voz, una mañana en la que tu futuro se volatiliza y sólo quieres ver cámaras en las farolas, como Truman en Seahaven. El teléfono no logró arreglar todo este desastre. Ni siquiera ella consiguió que sonriera con su "nunca es tiempo perdido".
Y entonces me he dado cuenta: hoy era martes.

Y es que a mí, un martes hace unas 21 semanas se me paró el corazón. Y lo peor (o lo mejor) de todo, es que no hay manera de reanimarlo.