domingo, 21 de agosto de 2011

pero vuelvo cada tarde al suicidio universal

Os dejo esto porque quiero que os pase lo mismo que a mí, quiero que lo tengáis en bucle durante todo este domingo y no salga de vuestras cabezas.
No os diré nada más, vedlo vosotros mismos.

miércoles, 10 de agosto de 2011

No sé si a vosotros os habrá ocurrido alguna vez. Probablemente sí. Una persona entra en tu vida. En voz baja, casi en un susurro. Y cuando quieres darte cuenta se está abriendo paso a zancadas destrozando el polvoriento sótano lleno de trastos. Cuando apenas has abierto los ojos sonríes si alguien pronuncia su nombre y te sorprendes a ti mismo deletreándolo con la sonrisa más sincera de tu vida.
Y entonces nos volvemos temerarios y cada vez más avariciosos. Provocamos roces sin querer, pedimos agua para ofrecérsela y beber de la misma botella y te pasas las madrugadas pensando si alguna vez cruzas su mente, aunque sea por casualidad.
Después, todo lo anterior se vuelve insuficiente, y te atreves incluso a prenderte de su piel unos segundos más de lo que debería ser algo fortuito, y lo haces (aun más) evidente. Nos exponemos. Lo único que conseguimos con ello es abrirnos la camisa haciendo saltar los botones y marcar justo dónde debe firmar para pertenecerlos o para acabar con nosotros de un sólo y certero golpe.
Tal vez sea cierto eso de que vivimos de ilusiones, pero a veces nos alimentamos de castillos, palacios y fortalezas en el aire. Y eso es justo lo que suele ocurrir. Una vez en lo más alto, al suelo. Al frío, duro y palpable suelo.

lunes, 18 de julio de 2011

Al fin y al cabo creo que todos no somos tan diferentes como creemos. O como nos hacemos creer a nosotros mismos. Y a los demás, claro.
Estoy casi completamente segura de que antes o después todos deseamos que alguien piense en nosotros antes de caer inconsciente en la almohada y, tal vez, sueñe con un futuro en plural. Una persona que nos haga sonreír con sólo imaginar cruzártela al ir a comprar el pan o que haga que nada más despertarte pulses cualquier tecla del teléfono para que su luz te ilumine su nombre al lado de un pequeño sobre intermitente.
Una persona en la que descubras manías que pensabas únicas en ti (¿veis?, os dije que no éramos tan diferentes) que consiga que revuelvas el armario hasta el fondo de los cajones porque vas a verle, o que te haga temblar la primera vez que te diga "me muero de ganas por ver amanecer atardecer contigo", y tú ya no sepas dónde meterte, ni a ti, ni a tus sudorosas manos, ni a tus labios afónicos, ni a tus ojos perdidos.

En mi opinión, ni somos tan diferentes, ni pedimos tanto.
O a lo mejor sí...



después de demasiado tiempo, vuelvo (lo siento lo siento lo siento, de verdad, infinitas disculpas). no he vuelto con algo excesivamente fantástico ni espectacular (ah, ¿que yo hago de eso?), pero hay veces que los dedos no dan para más, y los míos se han tomado sus propias vacaciones. la foto es del primer carrete de mi actionsampler.
feliz verano a todos :)

lunes, 6 de junio de 2011

Parece increíble que después de tantos y tantos años sigan brillando como el primer día. Continúan las caricias en el pelo y detrás del lóbulo derecho. Y las frases compartidas de las que ya ni saben por qué empezaron a recordarlas.
En sus manos entrelazadas parece que todo ha sido bueno y teñido de rosa. Pero las palmas de sus manos no cuentan la misma historia.

Tantas lágrimas. Tantos besos. Tantos roces. Tantos lazos. Y tantas arrugas hundiéndose en la piel mientras se clavaban los ojos un poco más.


(estoy desaparecida. llevo de exámenes desde el día 20 de mayo. lo peor es que no sé cuando acabo)

miércoles, 11 de mayo de 2011

de cuerpos celestes y tu órbita

Supongo que sabes todo eso del cometa Halley y que podemos verlo cada setenta y cinco años. Lo tuyo es un poco lo mismo, pero cada noche. O al menos así me siento al verte aparecer por la puerta de mi cuarto. Y aparecen asteroides encendidos en mis ojos. Y ardo.
Tal vez cuando vuelvas me atreva a atraparme en tu azul y a perder la cabeza del todo, aunque leyendo todo esto, creo que eso ya pasó hace tiempo.
Tienes una manera curiosa de revolotear a mi alrededor, de hacer que me gire a cada paso por si te has decidido a venir conmigo y de abrirme el pecho jugando con espejos buscando a alguien más.
En realidad no sé bien lo que estoy haciendo. Después de todo, no creo que nunca lo haya sabido del todo, pero creo que no me sientas del todo mal. Me lijas, y a veces dueles, pero no suelo ser difícil de recomponer, aunque a veces tarde en soldar.

jueves, 14 de abril de 2011

dawns without cuddles

Era patética. Ahí. Sentada en el sofá, viendo series en su ordenador y comiendo tostadas con mantequilla. Y azúcar. Lo lleva haciendo así desde pequeña, las tostadas, siempre con azúcar. Se miró en el televisor apagado, una suave silueta dibujada. La ligera miopía emborronaba todo un poco.
De repente, una frase, una escena desde la pantalla lo desencadenó todo. Y las lágrimas comenzaron. Abrían la piel hasta llegar a la barbilla, y justo debajo de ella, se dejaban caer en el pecho.

Eran casi las 7 de la mañana, y no había dormido desde medianoche cuando abrió los ojos. Ya no había horarios en ella, ni en su cuerpo. Y comenzaba a consumirse, poco a poco.
Vivía en un piso algo antiguo, pero céntrico, amplio y luminoso; con otras tres personas más. Y su mayor deseo era que cualquiera de esas tres personas cruzara la puerta del salón en ese mismo momento y la diera un abrazo, la secara la cara con las manos y le diera algo de seguridad en sí misma para poder salir a la calle unas horas después.
Pero no ocurrió. Todos dormían. Nadie sospechaba de aquella pobre y patética llorica sollozando.
Cerró el ordenador, se terminó el café y se metió en la ducha. Al fin y al cabo, lo que ella quería, lo que ella esperaba, sólo pasa en las series americanas.

lunes, 4 de abril de 2011

a l w a y s

Pongamos que no ha habido inviernos bajo otras sábanas y que no he ibernado en el cuerpo equivocado. Supongamos que la vida no dio siquiera medio giro, que Bon Jovi fue el que tocó para nosotros aquella tarde de Agosto, que nuestros cuerpos no dejaron de ser de los dos y que el agua se detuve en nuestros cuerpos tantas veces como nosotros lo hicimos bajo ella. Imaginemos que aquel jueves hace más de ciento diecisiete días fueron tus ojos los que me atravesaron.
Soñemos que llega el día que llenó nuestras bocas más que nuestros besos.